domingo, 22 de marzo de 2009

Infancia

Quizá la gran cantidad de cambios que ha sufrido mi vida de un tiempo a esta parte no se entienda sin una explicación previa de todo lo que mi humilde y joven cuerpo ha tenido que experimentar. Siempre recuerdo en mi cara una ingenua sonrisa en mi más tierna infancia. Todos los días eran sinónimo de esperar algo, ya sea bueno o malo. Los lunes y miércoles, significaban entrenamiento. Terminar sudando a chorros después de estar corriendo detrás de un balón agotaba mis ilimitadas cantidades de energía. Esa sensación de poder correr miles y miles de kilómetros sin cansarte, como si una fuerza arrebatadora te subiera por el estómago y te hiciera poderoso y omnipotente.

Los martes y los jueves natación. No me entusiasmaba, pero hacía felices a mis padres. Un gran charco donde poder refrescarme, donde aprender a sobrevivir en un medio que no era el mío.

Me sentía bien al terminar cualquiera de las dos actividades. Allí, sudando, de vuelta a casa en el coche, con la merienda en la boca, mirando por la ventanilla. Llegar a casa, ducharme y disfrutar de lo que quedaba de tarde con cualquier tipo de actividad.

Los viernes significaba pasar la tarde en casa, jugando. Significaba bajar al parque de abajo de mi casa con mi mejor amigo y correr por correr. Carreras infinitas sin un fin concreto más allá del cansarse en la mejor compañía posible.

Los sábados partido. Ninguno de nosotros sabíamos muy bien qué hacíamos, pero seguíamos corriendo detras de aquella esfera de cuero gastado. Nadie estaba en su sitio, nadie hacía lo que técnicamente debía de hacer. Y no recuerdo mejores partidos que aquellos.

El domingo por la mañana significaba simular que mi cama era un barco pirata junto a mi padre. Quizá leer un cuento antes de comer. La tarde del domingo signifnicaba descansar y bajar al parque. Ir a casa de mi amigo. Que él viniera a la mía.

Recuerdo una pelota rodando veloz sobre las baldosas blancas que había en aquel parque sin vegetación. Veo las caras de mis compañeros de clase de entonces, muchas de las cuales he seguido viendo durante gran parte de mi existencia. Siento como si hubiera vivido ayer la emoción del viernes por la noche, tumbado en la cama y aguardando con ansia que llegara el día siguiente para poder ver a mis amigos durante el partido.

¿En qué punto se acabó todo aquello? ¿Cuándo se acabó esa energía inmensa? Detecto cada vez con más frecuencia que todas esas ansias por vivir la vida se me van pasando con lo años. Sustituyo con preocupante facilidad la supervivencia por los momentos presentes. Mi ilusión ha sido pisoteada por mí mismo y no tengo a nada ni a nadie que me espere con ganas para nada.

La pureza de la felicidad por la felicidad se ha disipado en un mar de preocupaciones absurdas. Amor, estudios, amistades, clases, coherencia... Lo que antes despertaba mi curiosidad, mis ansias por aprender y mis ganas de mejorar son considerados lastres para poder llegar a estar bien conmigo mismo.

Mi vitalidad se ha marchitado.

A menudo me pregunto a mí mismo qué ha pasado con ese pequeñajo de mirada asustadiza, con melena negra y ojos brillantes que solía pulular por mi casa con andar algo torpe, mirando todo con curiosidad.

Me pregunto dónde fueron a parar todos esos partidos de los sábados. No comprendo por qué he perdido las ganas de cansarme porque sí. Quisiera saber qué ha sido del parque.

Me pregunto quién hundió mi barco pirata de los domingos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy Ari, inconformista vaya.

Joder... me emociona leer esto, por como lo sientes, por lo que significa para ti y supongo que sobretodo pk yo no puedo recordar mi infanteza así (me entristece). Parece que para tu también te sientes triste por haberla dejado atrás, pero yo nisiquiera parece qe la haya borrado, pk nunca quise vivirla, nunca la acepté. A estas alturas, intento reproducirla a toda costa, tu sólo debes recuperarla. Sé que no es ni será fácil, no podemos volver a esa inocencia, pero si a volver a gozar sin preocuparnos. Yo por lo menos voy a intentarlo. No lo has perdido para siempre. Lucha por lo que amas, que nada ni nadie te frene.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Ehh, soy yo otra vez. Que he cogido prestado este texto para mi segundo fanzine, me gustaría k le exaras un vistazo. Te dejo mi correo: llamas_ari(arroba)hotmail.com

Cuidate.
(puedes borrar el comen)

Anónimo dijo...

Ultimamente los textos van en modo deprimido...
Animo, que infancia la perdimos todos, o por perderla estamos, y espero que continues escribiendo, que lo haces realmente bien

Eris dijo...

Es simplemente precioso.
El hecho de que lo recuerdes, que recuerdes lo que sentías en eso momentos, lo que significaba para ti...son detalles que hacen que este texto, como casi todos los tuyos, sea algo muy personal que consiguen conmover al lector y hacer que se sientan un poco como tu.
Ya te lo he dicho mil veces, pero tienes una capacidad increible para trasmitir emociones de manera certera y realista. Conmovedora.

Un beso!