domingo, 13 de diciembre de 2009

Escribir por escribir

El editor miró ceñudo al que, en definitiva, no era más que un simple empleado. Lo observó visiblemente malhumorado, sosteniendo en sus manos un fajo de folios debidamente encuadernado. Pasaba las hojas con desdén y rapidez, pese a que sus ojos no se apartaban de él. Suspiró y arrojó el documento a su mesa, sin ceremonias ni cuidado.

- A ver, Manuel, eres uno de mis mejores escritores. Mucha gente ha leído tus libros, los disfrutan y piden tu nombre en casi todas las librerías del país, incluso del mundo. Y creo que te pedí algo tremendamente sencillo. Para la mayoría de escritores, se trataría de algo irrisorio. Conozco tu vida, tus inquietudes y tus relaciones. Has vivido infiernos y has rozado la felicidad con la llema de los dedos, hasta que finalmente has conseguido, por el momento, alcanzarla. Únicamente te rogué que escribieras un libro sobre tus vivencias, obviamente sin decir que son tuyas. Que relataras tus romances, tus errores, tus acciones. Aquellos viajes maravillosos de los cuales he sido partícipe cuando me los relatabas, con una emoción contagiosa. Sientes cada momento de tu vida con una intensidad digna de envidia, ¿Por qué demonios no puedes escribir sobre ella?

- Tienes razón sobre varias cosas. Es verdad, soy uno de tus mejores escritores. Mucha gente me ha leído y todas esas chorradas, que no son más que unos datos que sirven para engordar tímidamente mis ingresos, y algo más descaradamente los tuyos. Y es verdad, cada momento de mi vida es para mí algo indispensable para ser quien soy. En mi casa tengo mi propio texto, mucho más extenso, real e intenso que este que sin miramientos has arrojado sobre la mesa. Y has de saber que, al llegar a casa, lo quemaré. Y la razón es muy simple. Siempre he vivido para vivir. Escribir sobre ladrones, princesas, asesinatos, naves espaciales, romances ajenos, ciudades lejanas... no me supone ningún tipo de problema. Me llena, es innegable. Pero al menos sé que hay una parte de mí que sigue siendo, en parte, únicamente mía. ¿Qué sería de mis amigos si todo lo que he vivido con ellos no son más que una anécdota en un libro? Me horroriza pensar que todos esos momentos que constituyen lo que soy ahora pasen a formar parte del recuerdo difuso de algún lector imbécil. Que un folio sea testigo perpetuo de lo que sentí, por mucho que ese sentimiento cambie. No, señor editor. Mi vida es mía y sólo quiero compartirla con la gente que aprecio.

2 comentarios:

Cheika dijo...

muy bueno tatico! gran verdad.. aunque.. mucha gente.. suele escribir solo cuando "siente"..
eso si.. de escribirlo.. a venderlo.. hay buen cacho..
saludoosss!!!! ^^

Anónimo dijo...

Como bien dije una vez, la escritura es una forma elegante de prostituirse xD Aunque, como en todo, hay que marcar unos límites.

Muy bueno el relato, la verdad ^^

Abrazos!!


*Pedro.