miércoles, 28 de mayo de 2008

Encerrada

Vaya si dolía la cabeza. Dolía más de lo que te había dolido nunca. Te despertaste, pero no sabías donde estabas. El aire que respirabas estaba completamente viciado. Esa sensación de pesadez en el estómago... Te apoyaste con las manos en el suelo,te alzaste ligeramente. levantaste la cara y vomitaste. Como siempre que lo hacías, observaste como todo a tu alrededor se movía compulsivamente. De tu boca salieron palabras hermosas, cuyas letras bailaban al entrar en contacto con el aire, disfrutando de su recién conseguida libertad. Libertad, amor, solidaridad... todas ellas formaban una atractiva coreografía alrededor tuyo, sonriéndote. El dolor era ya insoportable, y te cogiste la cabeza con las manos.

Las palabras, asustadas por lo brusco del movimiento, se refugiaron en el suelo, desvaneciéndose al entrar en contacto con él. Te levantaste, y observaste el lugar donde te encontrabas. Las paredes, llenas de surcos, eran del color gris rosáceo al que estabas acostumbrado. Estabas ahora tumbado en una cama, sobre la cual las palabras vomitadas habían bailado para ti. Al fondo, una puerta, y a tu izquierda, un espejo. Esa era toda la decoración que adornaba aquella austera sala. No recordabas muy bien cómo habías llegado allí. Recordabas haber quedado con tus amigos para salir por ahí, como todos los días. Quizá bebiste de más...

Te levantas a tientas de la cama, y avanzas hacia el espejo. Observas tu hermoso rostro, ahora apoderado por las ojeras. La sonrisa que siempre poblaba tu cara está ahora transformada en una extraña mueca. Las elegantes ropas con las que siempre envolvías tu cuerpo, ahora son sogas, que aprietan y te limitan. Eres ahora consciente del gran trabajo que te cuesta respirar. La pesadez del cuarto se hace insufrible.

Te acercas a la puerta. Agarras el pomo e intentas, inútilmente, girarlo. Comienzas a empujar, pero la puerta no cede. Golpeas, escupes, meas, gritas, lloras... Pero la puerta permanece, impasible. Recuerdas lo crucial de tu trabajo, sabes que no puedes quedarte encerrado, mientras todo sigue su curso. Eres consciente de que, del mismo modo que una obra no puede funcionar sin un obrero, un cerebro no puede funcionar sin Conciencia.

Al otro lado, los golpes se hacían patentes, pero todos los ignoraban. Apostados a ambos lados de la puerta, se encontraban los tres amigos de Conciencia : Televisión, Comodidad y Aburguesamiento. Todos reían, conscientes de lo exitoso de su operación. Había costado mucho, casi 30 años, llevarla a buen puerto. La primera, había ido minando la moral natural de Conciencia, cambiando su percepción de lo bueno y lo malo. La segunda, recordándole lo fácil que era seguir a la primera, y llevar una vida buena y feliz. Y la tercera, era la que había pagado la enorme cantidad de copas que habían hecho falta para hacerle perder el sentido.

Así pues, aquél ser humano vivió el resto de su vida con una conciencia encerrada, cuyo papel cumplían los tres amigos que le traicionaron. Y nadie se dio cuenta, pues, en mayor o menor medida, todos tenemos una conciencia encerrada en alguna parte de nuestro cerebro, que no volverá a salir y a la que nadie echa de menos.

miércoles, 21 de mayo de 2008

El Jardín

Decir que aquél jardín era hermoso, sería quedarse corto. Intentar definir la perfección siempre ha sido algo complejo e infructuoso. Todos los que pisaban aquél lugar, volvían transformados. Unos más felices, otros más tristes. Más maniáticos, más ancianos. O igual de jóvenes. Pero nunca iguales. Más decepcionados o más nostálgicos. Pero nunca dejaba indiferente. Era un jardín lleno de posibilidades, por donde todo el mundo pasaba. Quizá más o menos, pero siempre se visitaba. El sol siempre brillaba en la medida en que brillaban los corazones de las personas que lo observaban. Los árboles siempre mostraban su cara más amable, y las flores formaban una gran alfombra de vivos colores sobre el mullido césped. La fauna se mostraba alegre. Desde pequeños mamíferos, hasta insectos, pasando por algún anfibio que residía en una charca que se encontraba en el lugar.

Y pasó lo que jamás debería de haber pasado. Un día, uno de los árboles amaneció con una hoja negra. El revuelo fue generalizado. Algunos se mostraban escépticos, pensando que no sería nada. Otros echaron las culpas a algunas personas, aunque por nada en concreto. Algunos lo ignoraron. Unos propusieron que quizá fuera problema del árbol, y que sería mejor quitarlo. La gente, al oír tal proposición, estalló en gritos de insulto contra semejante aberración. El jardín era perfecto, ¿Cómo se podía pensar la idea de cambiarlo? Era absurdo, casi utópico. En seguida se desechó la idea, y se erigió un comité que se hicieron llamar el comité en Busca de lo Mejor. Algunos organismos surgieron también para ayudar en la tarea, como los Felices Maestros de la Inteligencia. Juntos miraron las posibles causas de esa hoja. La primera medida del BM junto con el FMI, fue la retirada de la hoja. Así creyeron resuelto el problema, y ambos organismos prosiguieron su vida, prácticamente sin realizar nada más, pensando que su tarea había concluido.

No obstante, a los pocos días aparecieron no una, si no tres hojas negras. Los que seguían considerando que el problema era del árbol, continuaban sin ser escuchados. El BM y el FMI se reunieron, de nuevo en comité de crisis, para procurar solucionar el problema. Comprendiendo que retirar las hojas no servía de nada, procedieron a podar el árbol. La gente, al conocer tal respuesta, mostraron su recelo, ya que era reformar el jardín, que perdería parte de su perfección, aunque todos coincidieron, tras escuchar a los representantes de ambos organismo, que era un mal menor. Así pues, se comenzó a podar al árbol donde habían aparecido las fatídicas hojas negras.

Pero continuaron apareciendo. El árbol se tornó gris, oscuro. Muerto. Todos estaban aterrorizados, aunque cada vez eran más las personas que procuraban ignorarlo. Hasta que la alarma saltó. Un nuevo árbol, amaneció con una hoja negra. Muchos no pudieron reprimir una lágrima. Muchos comenzaron a enloquecer. El BM y el FMI organizaron al jardín por regiones, ya que era muy extenso, y sobre cada región, pusieron a alguien que dirigía la zona, bajo su consenso. Muchos se opusieron a este cambio, que consideraban excesivo, e incluso hubo algunas personas más que consideraron que el problema radicaba en los árboles. De nuevo, estos organismos actuaron creando recintos donde enjaulaban a todas estas personas, a las que se consideraba que actuaban en contra del Jardín. Muchos profetas se erigieron, prediciendo el Apocalipsis. Y quién sabe si no andaban muy desencaminados.

También comenzaron a construir maquinaria, para montar laboratorios con el fin de investigar el problema. Lo que produjo contaminación. El precioso sol dejó de alumbrar. Una gran nube negra comenzó paulatinamente a apoderarse del resto. Nadie sabía ya cómo había empezado, pues habían pasado muchas generaciones. Todo era gris. Hacía tiempo que el BM y el FMI sabían que la infección de aquél árbol había sido un virus, y que bastaba haber extraído al dicho árbol para haber terminado. De hecho, habían obtenido una vacuna, y estaban bastante convencidos de que el fundador del BM había inducido ese virus en el árbol. No obstante, eran conscientes de que lo controlaban todo.

Y mientras, aquellos que creen que el problema era el árbol, que arrancar el árbol de raíz acabará con el problema, continúan, a día de hoy, encerrados, en un mundo gris.

viernes, 9 de mayo de 2008

Y la rana...

¿Qué siento? Es una buena pregunta, que me hago a mí mismo, mientras sigo sin distinguir con exactitud qué es real y que no. En mi habitación se mezclan con descarada sorna un sapo, grande, y que cambia de color constantemente, me observa con grandes ojos de colores; una cama que no recuerdo nunca haber visto allí, sobre la que se asienta la rana, cual rey sobre su trono; un sol; una carta. Veo que la rana habla, pero no puedo oírla. Me siento lejos de la habitación. Mi cabeza me duele de forma un poco leve, aunque tengo esa sensación de que hay una vena golpeando tu sien de forma periódica, casi hipnótica.

Me veo gritando, agarrándome la cara, como si al arrancarla fuera a conseguir mitigar mi sufrimiento. Me siento, en una esquina, de rodillas, de espaldas a una realidad ficticia que me mata. Noto una zarpa, quizá de lobo, que me toca en el hombro. Al girarme soy incapaz de ver la cara del animal. Solo veo su sonrisa. No, es imposible que sea una sonrisa macabra. Recuerdo que una vez, de niño, alguien me dijo que al menos alguien que sonríe de forma macabra por lo menos es sincero. Aunque, ahora que medito, quién sabe si de verdad lo he vivido o no. La cabeza me duele un poco más que antes, y la vena ha crecido.

Pensar que ahora toda mi realidad es un sapo multicolor encima de una cama imaginaria me deprime, hasta el punto de que me mordería las muñecas con el fin de acabar con lo que podríamos llamar vida si no fuera porque llevo una armadura. No había reparado en ello hasta ahora. Es reluciente, de esas que creo que veía en los tebeos de valientes caballeros que salvan a damas. Aunque no recuerdo haber salvado a ninguna. No obstante, tendré que cambiarme la armadura, veo que en la zona de las muñecas, hacia donde iba a enfocar mi suicida dentellada, está muy abollada. La cabeza me duele bastante, y la vena golpea mi cabeza como si fuera un martillo.

Me giro hacia la cama, y veo que el sapo se ha girado, para mirarme. Sus grandes ojos me miran y me hipnotizan. Veo a personas pasando delante de ellos. Distingo a mis padres, que me miran y sonríen. Creo que hay más gente conocida, pero soy incapaz de distinguirlos. Veo como todos juegan en un precioso jardín, compuesto por árboles frondosos y coloridas flores. Todos ríen y juegan. Todos menos yo. "¡Quiero jugar!", grito. Me derrumbo nuevamente en el suelo, mientras lloro. Mis lágrimas son flores muertas. Quizá antes formaran parte del precioso jardín donde jugaban mis seres queridos. La cabeza me va a estallar.

Al sollozar, veo que la rana ahora simplemente es roja. Un rojo intenso, pero apagado. Me mira, triste, como intentando hacerme ver el preludio de lo que va a ocurrir. Ahora veo al lobo, con una bata blanca. No sé si antes sonreía, pero ahora es indudable que no lo hace. Ahora distingo su cara. Me mira con lástima. Veo a la rana, cuyo color se apaga, hasta quedarse de color gris. También ella me mira con pena. Chasquea los dedos y unas enredaderas se alzan y me coge de los brazos. Noto como mi armadura se deshace y se convierte en polvo que desaparece. Me siento atrapado por las plantas. Me giro violentamente, tratando de zafarme. La rana ha desaparecido, ahora solo está la cama. Veo que a mis brazos nunca los he visto, ya que están atrapados por una camisa de fuerza. No es una enredadera la que me sujeta, si no dos personas de blanco. El lobo ha perdido el pelo, y sostiene una jeringuilla con la que me apunta. Se clava en mí y todo cambia. La verdad es que la sensación es curiosa...

¿Cómo me siento? Me pregunto, mientras veo una rana que cambia de color encima de una cama que nunca había estado allí.

miércoles, 7 de mayo de 2008

En la ciudad con Punano

Mirar la ciudad desde tus ojos es como soñar despierto.

Posibilidad, risa, llanto, vértigo, odio, miseria, jolgorio, rabia... Todo es una mezcla insípida que recorres observando lo que te rodea. Siempre con mezcla de curiosidad y capacidad de observación, reflexionas acerca de todo lo que te rodea. Porque en realidad cuando dos policías persiguen a un hombre por robar en un supermercado, no es tan simple como los buenos contra el malo. Todo tiene su reacción y su consecuencia. Porque un indigente no es siempre un vago o un maleante. No siempre es tan sencillo.

Porque un despido no siempre se produce por que el despedido no trabaje. Porque el mismo hecho de trabajar por un dinero es algo miserable y triste. Porque dos niños de color corriendo no tienen porque estar huyendo, sino jugando. Porque un filete no es sólo un filete. Porque una ciudad en llamas no es sólo una imagen en un televisor que luego pasará para no volver. Porque una guerra ya no es una guerra, si no economía. Porque se sabe que juegan con vidas.

Porque un billete no es un simple trozo de papel, si no el eslabón de una larga cadena. Porque una cucharilla encima de un fuego o dos filas son verdugos de cualquier protesta. Porque el miedo no siempre surge porque te pueden quitar algo material. Porque la miseria no siempre vive lejos de uno.

Porque la única ley que rige todo es el odio y la tristeza de muchos.

Porque ver la ciudad desde tus ojos, es ver una realidad oculta. Y es que no siempre en el país de los ciegos el tuerto es el rey.

domingo, 4 de mayo de 2008

Menú

Hoy estoy altamente animado. Quiero salir a la ventana y gritarle al mundo que es un gran día, quiero mostrar mi felicidad al mundo. Todo es perfecto. Necesito hacer algo, encaminar mi optimismo hacia algo práctico. Y pienso que nada mejor que una buena comida invitando a mis amistades más íntimas para celebrarlo. Voy hacia tu habitación, que hoy me parece más alegre que nunca, y me acerco hacia mi agenda, para pasar páginas con esa sonrisa estúpida que se te queda en la cara cada vez que tienes una idea brillante y estás con los preparativos para llevarla a cabo.

No obstante, me doy cuenta una vez que abro el cuadernito donde guardo todos los números de teléfono, que este es un día demasiado especial como para llamar a cualquiera. Dos personas ocupan siempre mi mente, personas a las que quiero en lo más profundo y que no quiero que se pierdan mi felicidad.

No necesito consultar nada para llamarles. Sé sus números de memoria. Tecleo con gracia y al poco rato, suena el pitido que me indica que el teléfono de mi primer invitado estará sonando en estos momentos. Al poco rato se oye una voz ya muy familiar para mi.

- ¿Sí?

- ¡Ey! ¡Buenos días! He pensado en hacer una comida en mi casa, cocino yo -mi voz suena más animada de lo que recordaba desde hace mucho tiempo-. ¿Qué te apetecería comer? Había pensado en una pasta con champiñones...

- ¡Quita, quita! En la tele han dicho que eso es malísimo para el hígado.

- Vaya... ¿Qué quieres comer entonces? -no me desanimo a pesar de la poca aceptación que ha tenido mi plato.

- Mierda frita. Han dicho en ese mismo programa que es excelente para el organismo, aunque nunca he comido.

- ¿Perdón?

- Si, ya sabes, mierda frita. Yo creo que estará bien.

- Esto... bueno, ahora llamo a Inés y le pregunto. Luego te llamo Gustavo.

Cuelgo el teléfono, algo contrariado. Espero que mi amiga sea más sensata a la hora de elegir menú. Tecleo, de nuevo con rapidez, y al rato suena la voz de Inés.

- ¿Diga?

- Hola cariño, soy yo. Una cosa, ¿Hoy comida en mi casa? Cocino yo. Vendrá también Gustavo.

- Claro, estará bien -noto su voz tan animada, que de nuevo vuelvo a sentirme feliz, olvidando la extraña conversación anterior-. ¿Qué habías pensado cocinar?

- Pues pasta con champiñones. Aunque si te digo lo que me ha propuesto Gustavo...

- De ese chico me espero lo que sea -oigo su risa a través del auricular.

- ¡Mierda frita! ¿Te lo puedes creer? -el auricular me deja oír otra estridente carcajada.

-¡Siempre será el mismo cafre! ¡Con lo buena que está cocida!

- ¿Cómo?

- Que cualquiera saber que la mierda como mejor saber es cocida. Lo dicen en todos lados, aunque nunca la he probado. ¿Qué te parece si lo hacemos para esta tarde?

- Eu... esto... bueno, ya veré.

Cuelgo, completamente confuso. Pienso en llamarles para cancelar la comida, pues me siento sun fuerzas. No obstante, una divertida idea cruza mi mente. Les llamo, para confirmar la comida, y me pongo manos a la obra. Voy hacia la cocina y enciendo un fuego, poniendo encima una sartén con aceite. Antes de que hierva, cojo un plato, lo dejo en el suelo, me siento y vacío en él el desayuno, de la forma que siempre se ha hecho. Una vez finalizada mi obra, con un cuchillo, divido el producto en dos, y lanzo una mitad a la sartén, donde el aceite está hirviendo. Me pongo un trapo para poder respirar, pues el hedor es insoportable. Después, introduzco la otra mitad en una olla llena de agua, que está ya hirviendo. Una vez que el alimento de la sartén se ha terminado de hacer, lo saco y lo dejo en el plato, aunque tapándolo con la sartén, para que no se vaya el calor. Después, pongo la olla a funcionar. Por otra parte, me preparo mis espaguetis con champiñones, como siempre los he hecho. Está todo listo.

Vienen mis amigos, y los recibo con besos y abrazos. Me preguntan que a qué huele, y les digo que es una sorpresa. Al sentarse en la mesa, saco mis espaguetis con champiñones, y sus ojos se encienden, llenos de hambre y deseo. No obstante, les digo que para ellos he reservado la mejor parte. Después, saco el plato, con la sartén encima, y se lo tiendo a Gustavo, que lo mira con una sonrisa que camufla su decepción y asco. Inés no puede para de reír, aunque su sonrisa se transforma en arcada cuando ve que su plato no es mejor. Tras servirme una buena ración de mi comida, cojo mi vaso, lo alzo y brindo:

- Por las buenas decisiones.

Durante toda la comida, Gustavo e Inés tenían que ir al baño a cada bocado. Sí, definitivamente, aquél era un día alegre.

lunes, 28 de abril de 2008

Iniciativa

El pabellón estaba a rebosar. Nada cabía entre aquél espacio que se había habilitado para que tú hablaras. Mujeres, niños, hombres... todos con banderas, chapas, globos... La sala repleta por ti. Un pequeño altar, un micro... Todo decorado con los colores que te correspondían por derecho propio. Un sol radiante entraba por las ventanas, que estaban abiertas, y la gente empezaba a llevar menos ropa en aquella época del año. Tus maquilladores personales comenzaron a retocarte.

-Un minuto señor -un técnico te aviso mientras pasaba a toda prisa.

Terminaron de adecentarte y te secaron el sudor. Te asomaste tímidamente entre la cortina. Ahora mismo una persona perteneciente al sector más juvenil de la organización que presidías estaba contando alguna gilipollez acerca de no sabías qué jornadas de m.ierda. Pensaste para tus adentros que mientras esas estupideces te aportaran partidarios, lo mismo te daba.

En ese momento la chica que estaba soltando su tonto discurso, le presentó a él, al mandatario. Y como siempre, saliste con la mejor de tus sonrisas. Al salir, sonó un gran clamor conjunto. La sala estalló en vítores y aplausos. Juntaste tus manos por encima de tu cabeza y comenzaste a saludar. Lanzaste besos a todo el mundo.

Te aposyaste en la tarima, te acercaste al microfóno, y comenzaste tu discurso.

- Muchas gracias a todos, compañeros. Antes de nada, dar las gracias y felicitar a esta chica tan guapa y a su grupo, por la labor tan importante que están realizando para nosotros. Por favor, pido un aplauso para esta joven chica - al girarte, mientras aplaudías, coreado por todo el mundo, comprobaste que aquella bobalicona se estaba poniendo roja-. Si es que, con gente tan guapa y con las ideas tan claras, no entiendo como puede haber alguien que no esté todavía en nuestro partido, sindicato, o lo que sea que es esto -hubo risas tímidas entre las personas integrantes de aquella masa-. Verán, conduciendo hacia aquí, después de haber estado en el puticlub de mi barrio y haberme bebido unas cuantas copas, tuve una visión. Algo que todo el mundo de este país, esta región o pueblo debería saber. Y es que nosotros tenemos la razón, y eso es lo que queremos transmitir - esto último lo dijiste con gran fuerza, dando énfasis, siendo coreado al poco con grandes aplausos-. Porque queremos lo mismo, porque dos y dos son cuatro y porque el blanco será blanco -de nuevo, vítores y aplausos. Alguna prenda de vestir íntima cayó en la tarima. Y no todas las piezas eran de mujer-. Gracias gracias -te agachaste y, tras oler durante largo rato un calzoncillo, volviste a la tarima para proseguir tu discurso-. La verdad es que todo lo que estamos haciendo no se puede entender sin vosotros. Hagáis lo que hagáis, es algo de tremenda importancia. Y si no hacéis nada, todavía mejor. Pero bueno, no habéis venido aquí para verme aquí, con mi tremendo atractivo, si no a oír lo que quiero para vosotros y para el mundo. Y todo esto quiero decirlo antes de que se me pase el efecto del speed. Tengo una clara misión para vosotros, pero por partes. Los ancianos tendrán que vestir de amarillo chillón, y aprender a bailar rock. Las ancianas, por el contrario, deberán vestirse como jugadores de rugby, y saludarse pecho contra pecho mientras saltan. Los hombres de mediana edad tendrán que vestir con minifalda y aprender a rapear. Las mujeres deberán practicar activamente la zoofilia, o necrofília en caso de no tener animales en casa. Y para los niños, tengo lo mejor. ¡Gente que está por venir! ¡Criaturas! ¡El futuro es vuestro! ¡Todavía estáis a tiempo! ¡Suicidaos!

Ya no recuerdas mucho, pues te desmayaste allí mismo. Solo recuerdas a la gente aplaudiendo entusiasta. Al despertarte, estás en una cama de un hospital. Al despertar, pudiste ver a una enfermera, jadeando. Al toser, para hacer ver que estabas consciente, pudiste ver como un perro salía corriendo de la habitación.

-¿Está usted bien, señor?

-Si chata, sí. ¿Y el doctor?

-Ahora viene -en ese instante, entró el doctor. Entró con un enfermero detrás, que estaba haciendo ritmos de rap con la boca-.

-Bien señor, ¿Como le va? Ahora mismo le vamos a examinar. Yeah. MC Doctor para el señor, ¡ahá! -la verdad es que odiabas el tonito con el que el doctor te estaba cantando esas palabras, pero no pudiste evitar sonreír ante la poca personalidad que tenía la gente-. Dentro de poco tendrá que marchar, porque muchos abuelos no saben bailar ni saludar. ¡Yeah!

Saliste al poco del hospital, mientras veías a abuelas vestidas de jugadores de rugby, mientras muchas morían porque el saludo era demasiado para lo que su frágil cuerpo podía aguantar. Muchos abuelos, vestido de amarillo, también sucumbían por los complicados y rápidos movimientos que el rock and roll precisaba.

No obstante estabas feliz. Acababas de comprobar que la estupidez de la masa es infinita. Que poca gente tenía la iniciativa y la personalidad suficiente como para ver que todas sus medidas eran una estupidez. Que un líder con carisma valía más que cualquier argumento firme. Y así, dirigiste a un mundo lleno de mujeres zoofílicas, de abuelos rockeros de amarillo, de abuelas jugadoras de rugby y hombres raperos. De los niños, nunca más se supo.

martes, 22 de abril de 2008

Lucha virtual

Por fin había llegado el día. El viento traía consigo aires de cambio. El cambio de base. Abajo lo antiguo. Fuera lo inútil. Muerte al opresor. Destrucción para construir. Odio para amar. Estabas convencido de que hoy lo conseguirías. La gente se había hartado de todo lo que le rodeaba. La confrontación era inevitable. Lo nuevo contra lo viejo. Los rebeldes contra las fuerzas del orden.

No dudas. La seguridad se refleja en tus ojos mientras avanzas por la calle. Un enorme cordón policial se encuentra frente a ti. Tus compañeros y tú proferís insultos, mientras los policías comienzan a acercarse. Tumbáis contenedores y les prendéis fuego, mientras otros comienzan a lanzar piedras y cócteles molotov contra los antidisturbios.

Encuentras una pistola en el suelo, y la coges, sin vacilar. Apuntas contra las filas enemigas, que se acercan hacia a ti. Derecha, izquierda, centro, derecha, otra vez derecha... Uno tras otro van cayendo. Por fin, se rinden y retroceden. La calle es vuestra.

Corréis hasta donde unos instantes antes se encontraban vuestros adversario. Una bala entonces impacta contra tu hombro. Sientes como tus fuerzas disminuyen notablemente. No tienes mucho tiempo.

En el suelo encuentras, probablemente olvidado por los policías, un enorme lanzagranadas. Entonces, observas la fachada del ayuntamiento. Una enorme flecha roja, situada encima, la señala inconfundiblemente. Te arrodillas en el suelo, acomodando el arma en tu hombro, consciente de la importancia de este momento. Y disparas.

El proyectil sale, y contienes la respiración. Tras unos segundos, el edificio estalla. Ha triunfado la revolución, profesa un cartelito que aparece en tu pantalla, parpadeando.

Por fin conseguiste pasarte el juego de mayor éxito en el mercado : "Revolución : la lucha anti-sistema". Conseguiste adquirir la edición de lujo, y había valido la pena. Te sentías importante y concienciado. Habías logrado algo importante.

Fuera, tras tu ventana, si te hubieras fijado, habrías visto como el mundo estallaba en llamas.